Tuesday, August 05, 2008

Los poemas prometidos














AL GRAN VOYEUR
(para Lucho López, para

todos nosotros
)



Las pobres esferas, los dominios perdidos.

La vida que a veces toma la forma de los muros.

Los vastos imperios, las noches en vela

esperando la inundación y el agua. Lo imperfecto

del exilio. El primer libro. Conce.

Las causas perdidas y haber adorado desnudos

al menos desconocido de los dioses.

Ciertas zonas que todavía revisten peligro.

Nuestras sibilas de Cumas, pero también

nuestras sibilas de Persia. Viajar desde los Ángeles

hasta Mortandad. Y haber levantado la vista al

cielo. El lugar donde bailan las

señoritas del lugar. Emplazamientos

y desplazamientos: el ágora desocupada

donde hasta hace poco los más incendiarios

discursos eran aplaudidos por los más incendiarios

auditorios. Los infantes de Carrión. Las rosas, las

azucenas. Tan callando. La ciudad. Las máscaras

negras. La mujer por la que tanto has esperado,

una belleza que no es para ti, allí frente a tus

ojos/a tus manos, la vagina a la altura de tu

lengua, inalcanzable como tantas cosas en

tu vida, la espuma en el vaso de cerveza

que lentamente beberás. Que sea esto

entonces nuestra salva por el porvenir

ante el derrumbe permanente de las pruebas.




LOS POEMAS PROMETIDOS



Estos son los poemas que Huidobro y Francisco del

Valle me corrigieron. Estos son los poemas que

el Carlitos de Rokha y Gustavo Ossorio me


corrigieron juntos. Estos son los poemas que Olga

Acevedo y Victoriano Vicario me corrigieron

después de mostrárselos al Pancho Véjar.


Estos son los poemas que Lucho López-Aliaga

me dijo en el Panamericano que mejor los

tirara por el water y me tomara a cambio


una pílsen: estos son los poemas que Germán me dijo

que mejor me los metiera por el culo porque era pésimo

como persona en primera persona. Estos son


los poemas que el David me dijo que mejor los

leyera de nuevo, que mejor volviera a respirar

y terminó pidiéndose la próxima (Cerro San Cristóbal,


más Sergio Valero): estos son los poemas que el

Javier siempre ha rechazado, estos son los poemas,

estos son los poemas, estos –y no otros: son los poemas.



GOLPE DE ESTADO, PRONUNCIAMIENTO MILITAR, VERSIÓN LIBRE
(quidquid latine dictum sit altum viditur)



La cosecha de los granjeros murió debajo del agua.

Ha llovido como en un diluvio. Con la venta de la producción de

este año, algunos de ellos pensaban pagar el crédito renegociado

durante la última baja de intereses decretada por la reserva

federal. Pero ha llovido como en un diluvio. Otros tenían pensado

invertir en la compra de ciertos equipos para sacarle mayor

provecho a las semillas artificiales que hoy en día están disponibles

para algunas de las frutas de la estación. Las pérdidas


se calculan en varios cientos de millones de dólares, pero soy

incapaz de traducir esas cifras en un número que pueda calibrar.

Con varios cientos de millones de dólares se solucionaría el

problema habitacional de casi toda la ciudad de santiago.

Los canales de regadío podrían reconstruirse. Los profesores

obtendrían una remuneración acorde con todos los cursos

de perfeccionamiento en que se han inscrito para nada. Los

hospitales públicos, si tuvieran en sus manos esos varios

cientos de millones podrían mejorar la oferta de camas

durante los períodos más crudos de alerta ambiental

cuando muchos niños de escasos recursos son devueltos

a sus casas con una aspirina en la mano para enfrentar el virus sincicial.

Sin embargo la cosecha completa de los granjeros yace ahora

bajo el agua. En algún lugar, bajo toneladas de escombros y

desperdicios repartidos en kilómetros a la redonda producto del

último tornado. Dicen que tomará años volver a la normalidad.

Los equipos de rescate no tardaron tanto en llegar como en

creer lo que estaban viendo: no saldrían de su sorpresa


sino hasta después de que se convirtiera en comentario antiguo

el recuerdo de ese año fatídico de las inundaciones, cuando todos

tuvieron algo que perder y podían haber nombrado algo que no

volvió cuando años después volvió esa normalidad que desde

un principio nos advirtieron que llevaría años recuperarla


por completo. En los relatos bíblicos, una paloma fue la que

les permitió avizorar la costa, no una gaviota. Aquí, sin embargo,

no hay costas. Aquí sin embargo los cuervos son negros


y un halcón flamea en la bandera, los espantapájaros

continúan impertérritos su labor de vigilancia

no importa que hoy en día ya no exista el enemigo

y el maíz ya no sea un alimento, los guardianes del


mito son incapaces de ejercer otro oficio

que no haya sido debidamente estipulado

en los antiguos manuales de la retórica:

cualquier cosa en latín parecería


profunda y verdadera.

Sunday, July 13, 2008

Cristián y yo


Este post no tiene nada que ver con la novela de Augusto D'Halmar, a pesar de su título. Se trata, en realidad, de una triste coincidencia, que a continuación paso a explicar.
Ocurre que en esto de escribir poesía hoy en día, sobre todo a la hora de escribirla no para para tenerla almacenada ad infinitum en el computador, sino también para entrar en ese juego o espejismo de ser leído y de intercambiar estampitas, como solía decir un antiguo amigo mío, las revistas ocupan un lugar de cierto privilegio. Yo nací en una época nostálgica de revistas, cuando Internet todavía no era sino un sueño y las revistas impresas una pesadilla. Me explico:

en el Chile de los '80s se editaron no pocas y efímeras y combativas revistas, sin las cuales, digámoslo desde un principio, no hubiéramos sobrevivido. No se apuren, ya voy a llegar hasta el cantante mexicano. La cosa es que muchos de nosotros crecimos con títulos como La gota pura, Postdata, El organillo y un montón de otros títulos desperdigados a través del territorio nacional y las librerías de viejos. Araucaria me acuerdo que llegaba esporádicamente, también la revista de Valjalo, además de El gato sin botas, La bicicleta, La castaña, etc., etc., etcétera. Yo, en lo particular, me siento especialmente en deuda con Erwin Díaz y ese tezón por sacar El organillo cuando todo era aún más difícil y el Negro la andaba vendiendo por Bellavista de bar en bar. En 1987, a la salida del Cámara Negra (donde hoy funciona el Thelonius) tuve que pedirle plata a mi viejo para comprar mi primer número de esa revista. Nunca había escuchado de Gonzalo Millán ni de Manuel Silva Acevedo, tampoco había leído el poema de Pablo de Rokha que venía en esas páginas. La editorial la firmaba un tal Martín Cerda (a quien tiempo después tendría el orgullo y la suerte de conocer) y Federico Schopf, de quien por aquel entonces leía fervorosamente sus Escenas de peep-show, publicaba una reseña de Pena de extrañamiento.

Todas las revistas de aquella época tenían un denominador común, la falta de presupuesto. Conseguirse la plata para una revista ha sido siempre una tarea titánica, pero parece que también en este aspecto, estábamos mejor contra Pinochet. Contra viento y marea se publicaban las revistas, pasara lo que pasara de alguna parte salía la plata. Progresivamente, con el retorno de la democracia (lo anterior hay que leerlo entre paréntesis), estos presupuestos comenzaron a escasear más y más y más. Por lo tanto nos quedamos con las ganas de ver nuestros nombres en tinta y abrazamos con jolgorio la llegada del mundo digital, profano y demótico, pero por sobre todo efectivo. Lanzallamas y Letras.s5 son lejos el mejor ejemplo. Y en cuanto más pronto abandonemos de manera definitiva cualquier renuencia a leer en la pantalla, más pronto comprenderemos, perdonen la obviedad, que esto no es sólo un cambio de formato. Algunos se despabilaron hace mucho y han hecho de eso una literatura no sé si completamente nueva, pero al menos bastante rejuvenecida: Baradit y su mundo privado, Gibson y el cyber, algunos blogs que se han convertido en un género en sí mismos. A propósito: una vez me tocó asistir a un seminario, aquí en Iowa City, sobre literatura digital, cuya principal propuesta, aun no del todo comprobada, era indagar en la posibilidad de un cambio en el concepto de la literatura y de la poesía a través de las nuevas tecnologías, léase Internet, poesía generada por computadores, gráficas, sound poetry: y un largo etcétera que probablemente ustedes conocen mejor. La idea era rastrear el paso desde la mera publicación en la red de poemas de Emily Dickinson, Darío o Neruda, hasta el impacto en la estética misma del poema que eventualmente tendrían aplicaciones tecnológicas como las ya descritas. Y creo que hoy estamos asistiendo a ello.

¿Qué monos pinta Cristian Castro en todo esto?: pues bien, durante los últimos años, la distancia con Chile me ha llevado a intentar (con éxito relativo) ver publicados algunos poemas en el viejo sueño patrimonial de las revistas impresas y su aura aun hoy día vigente. Así, un texto mío salió en la revista de Ediciones Vigía, en Matanzas, Cuba, texto que dicho sea de paso no he podido ver -aun cuando se publicó hace más de un año- debido a que el correo en Cuba no es en absoluto, producto de años de bloqueo norteamericano y a la espantosa administración gubernamental de las últimas dos décadas, ya que cualquier cosa de valor misteriosamente desaparece bajo el lema de que la necesidad tiene cara de hereje, vigente como nunca allá en la isla.

Y, finalmente, llegamos a la revista Río Hondo, dirigida por el poeta Agustín Labrada (te queremos, Agustín, no te enojes conmigo), publicada allá en la bella región costera de Quintana Roo, en el caribe mexicano. En el número 67, publicado recientemente, se incluye un poema de mi autoría, porque ES de mi autoría, titulado Que inacabable empieza. La página (la revista está impresa en papel couché y a varios colores) tiene un fondo gris sobre el que poema se lee sin problemas. El único pero, entonces, y aquí llegamos, por fin, al hombre de la fotografía que encabeza este cuento, es que el texto aparece firmado por Cristián Castro, sí, tal cual, así como se lee, Cristián Castro y no Gómez, como debiera haber sido, ¿no? Como si esto no fuera poco, en la página editorial, nuestro querido amigo Labrada, para quien nuestros sentimientos de amistad y profunda estima se mantienen inalterables, también mete la pata con los apellidos, al mencionar la publicación de un poema del escritor chileno, otra vez, Cristián Castro.

Los dejo, entonces, con el poema, que no tendrá el dolor y el corazón abierto de las canciones del mexicano, lo asumo, pero bueno, al fin y al cabo, sigue siendo mío. Me despido, juro que no trataré de olvidarlos, yo los quiero a morir sobre todas las cosaaaas...


QUE INACABABLE EMPIEZA

El mar se demuestra pero nadando.

Los granjeros de la zona, al hacer la

cosecha del maíz, tienen que tener cuidado

de no electrocutarse con los cables del tendido

eléctrico, derribados durante el último tornado.

Al subirse a sus tractores comprados con un largo

crédito que terminarán de pagar sus hijos, no debieran


estar tocando el suelo. Las estadísticas dicen

que después de una tormenta los índices de

accidentes laborales se incrementan en un

doscientos por ciento, lo que da una cifra

anual de un catorce por ciento acumulado

en las últimas dos décadas. Las razones


(dicen los que saben) se pueden atribuir

al aumento de la actividad meteorológica

debido fundamentalmente a la deforestación

de vastas zonas del área norte y a que las

cosechas, sobreexplotadas por los biocombustibles,

son cada vez más difíciles de cubrir por un sólo

operario encargado de una cantidad creciente de

acres. Como los cultivos orgánicos demandan


al menos dos o tres años manteniendo intacta la tierra,

durante ese tiempo el pequeño propietario no recibe

ninguna entrada, cero ingreso, lo que le significaría

sobre endeudarse por echarse el destino del planeta

sobre los hombros. Sus dos hijas salen a jugar al patio

y él se pone a pensar en cuando sean grandes, en la

universidad, en crecerlas. Hace cálculos, ve venir

los años, una de ellas vuelve con un pájaro entre las

manos: tiene un ala medio rota, pero quizás tal vez

se salve. Y cuando lo llevan adentro, cuando lo

comienzan a cuidar, las niñas vuelven con sus hijos,


se sientan a conversar con el abuelo que puede que

otra vez les repita esa historia sabida de memoria

en las sobremesas de la familia, de cuando era joven

y le gustaba nadar y un día llevó muy lejos a la abuela,

hasta las playas de North Carolina para que ella conociera el mar

y se decidiera por fin a casarse con un joven granjero del interior

que recién había heredado un pedazo de la tierra y ni siquiera

sabía como se arreglan los tractores, para que ella conociera

el mar y le tuviera el mismo respeto que le tienen los marinos

que nunca han sabido nadar ni tampoco necesitan aprender

porque el mar no se explica ni se demuestra sino es con un par

de estas palabras que lo miran desde el muelle golpear el muelle,

da lo mismo que suba o que baje la marea los botes amarrados


sólo esperan que amanezca para seguir estando allí amarrados.

Sunday, June 15, 2008

Postville, Iowa, las plagas bíblicas











El estado de Iowa es fundamentalmente uno rural, enclavado en lo que aquí se conoce como el Heartland, el corazón de la tierra, del campo: lo verdadero, lo más auténtico, lo originario, en suma. A veces uno cree que el río suena porque efectivamente lo que trae son piedras. Y se deja convencer con cierta facilidad de la cortesía y las buenas maneras si no de los gringos en general, por lo menos de la gente de Iowa y, por extensión, del Midwest. Historias sobran al respecto: la del profesor que, al irse de sabático durante un año, se le olvidó con el apuro del viaje dejar cerrado su departamento, pero al volver, lo encontró todo exactamente igual. Yo mismo que en mi primer año dejé más de una vez las llaves de mi departamento puestas en la cerradura, y al volver en la noche las encontraba ahí, junto al resto de mis pertenencias, intactas. O la vez que el auto se me quedó andando, durante toda la noche, estacionado en la calle, hasta que por la mañana, buscando las llaves para ir a dejar a mi hija mayor al colegio, me di cuenta de lo que había pasado. Pero Iowa, lamentablemente, también es Postville. Para los que no estén familiarizados con la demografía y la vida iowan, es decir, el 99% de los lectores y visitantes de este blog, les cuento que junto con ser eminentemente campesino, Iowa es uno de los estados donde la minoría latina es una de las que demuestra mayor crecimiento, expandiéndose la población de este segmento a lo largo y ancho del estado. Por todas partes se abren restaurantes mexicanos, por todas partes, también, más y más de esos ilegales se ven trabajando en plantas empaquetadoras de carne y/o en trabajos más o menos de esa índole. Es una soterrada tensión de la que todos están conscientes, pero que muchos quisieran pasar por alto. En Iowa existe también un capítulo de la organización llamada Minute men, esas bellísimas personas que en nombre de la seguridad nacional se apostan en la frontera entre México y EE.UU. para "colaborar" con la función de los guardias fronterizos. En otras palabras, es gente dedicada a organizar cacerías humanas con el fin de impedir la continua ola de inmigrantes ilegales, que dicho sea de paso, no son sólo mexicanos.



Hace poco se llevó a cabo la redada más garnde en la historia de la inmigración norteamericana, cerca de 390 trabajadores ilegales fueron encarcelados en la planta empaquetadora de carnes de Postville, Iowa. 390 familias desde ahora divididas, por el solo hecho de buscar una vida mejor. La firma, Agriprocessors, una empacadora de comida kosher, no ha sido sancionada en ningún ámbito o aspecto de este proceso judicial (ni tampoco ninguno de sus gerentes y/o admisnistradores), que tiene a buena parte de los ex-trabajadores de la firma viviendo ahora de la caridad pública (de la que se han hecho cargo una serie de ONGs), además de tener que moverse día y noche con un grillete en uno de sus tobillos, grillete que cuenta con un GPS para vigilarlos, esto bajo el supuesto de que primero hayan podido salir de la cárcel.
El fundador de la empacadora, Aaron Rubashkin, declaró en la prensa norteamericana no saber que "his workers were illegal and that they had produced what appeared to be legitimate work documents" (no sabía que sus trabajadores eran ilegales y que ellos habían presentado lo que parecían ser permisos de trabajo en regla).
God bless America.


(El niño que aparece en la tercera foto se llama Kevin Sánchez, tiene 2 años, seguramente es norteamericano, y ahora vive de la caridad)

Sunday, June 01, 2008

Pablo García Baena, Premio Reina Sofía 2008















Me acaba de llegar un correo colectivo invitándome a sumarme a la campaña para otorgarle el Premio Nacional de Literatura a Carmen Berenguer, flamante ganadora del último Premio de Poesía Pablo Neruda, además de ser el-la primer(a) autor(a) chileno/a en recibir tal galardón. El 14 de Marzo de este año, cuando El Mercurio dio la noticia, incluía la lista de los anteriores ganadores del premio, a saber: José Emilio Pacheco, Juan Gelman, Carlos "Gastón" Belli, Fina García Marruz y, ahora, Carmen Berenguer. No fue ni la torpeza de las declaraciones de Alain Sicard, ni lo escandaloso de lo que dijo Monsiváis (reconoció no haberla leído mucho, pero igual votó por ella), ni tampoco la maledicencia del reportaje en torno al premio que apareciera en Revista de Libros lo que me molestó de tal premiación (reportaje que hacía aparecer todo el proceso como un enjuague de Soledad Bianchi, dicho sea de paso: una falta de respeto y una bajeza enorme para con una de las académicas y ensayistas más serias y comprometidas cuando se trata de leer poesía chilena). Digámoslo claro: para algunos premiar a Berenguer fue una mayúscula metida de patas, algo que no tiene nombre. Aunque no soy fanático de la señora, creo que Sayal de pieles es un buen libro, con ritmo propio, con una lógica interna, con invención de lenguaje. Mucho mejor que su Bobby Sands. Y Naciste pintada es una crónica-poema-investigación de lo mejor que se ha escrito sobre Chile y Valparaíso y el manoseado y sobre-explotado tema de la marginalidad y la tortura: que, dicho sea de paso también, no hay mejor libro sobre el tema que Tejas Verdes, de Hernán Valdés, si vamos a hablar de testimonios sobre el tema.
Pero tampoco creo que Berenguer esté en las mismas ligas que Fina, Belli o Gelman. Si era por premiar a un@ chilen@, creo que había otros nombres antes que ella. Ni creo que premiándola a ella se premie a ningún grupo étnico o sexual especialmente reprimido. Eso, charadas de la agenda del género y nada más. A Gelman no lo premiaron ni por su hijo ni por su nieta, lo premiaron por su poesía. Por mucho que respetemos su búsqueda, por mucho que la defendamos a brazo partido, el premio es por sus textos. ¿Que no hubiera escrito lo que ha escrito sin esa(s) experiencia(s)?: es, parcialmente, cierto. Pero no todos los familiares de los detenidos-desaparecidos escriben como Gelman escribe.
Lo repito, entonces: no me parece ni un escándalo ni una locura el premio a Carmen Berenguer; de seguro, sí, inoportuno; tal vez apresurado.

Y mientras escribía este post, me llegó otro corro colectivo invitándome a sumarme a otra campaña para el Premio Nacional, esta vez con la candidatura de Eugenia Brito, mi admirada Eugenia Brito. Me sumé, cómo no. Siempre he sido un admirador de esos retorcimientos del lenguaje que hay en Dónde vas, en Filiaciones, en Extraña permanencia.
Pero si me llegara un correo masivo para firmar por la campaña de Barquero, también firmaría. Y si el candidato fuera Oscar Hahn también firmaría sin dudarlo. Y yo iniciaría la campaña al Nacional para Tomás Harris si se trata de ponernos a candidatear gente.

Pablo García Baena, ese gran y humilde y silencioso poeta post-cernudiano, recibió hace poco la última entrega del Premio Reina Sofía. Bien por la poesía, bien por él. No tengo idea quiénes estaban detrás de su candidatura. Quienes quiera que hayan sido, García Baena está más allá de ellos. O antes, tal vez.

Monday, May 26, 2008

Presunción de inocencia


Estimados: los dejo aquí con un link al blog de Héctor Hernández Montecinos, para que le echen una miradita a un post que él escribiera sobre Elena Varela, la documentalista detenida acusada de haber participado en diversos delitos de "connotación terrorista", de acuerdo a esos vagos eufemismos que usualmente utilizan nuestros periodistas y nuestros políticos, ya sean de aliancistas o concertacionistas. La misma mierda, dicho sea de paso, con todo respeto.
El post de Hernández M. me representa de punta a cabo, sobre todo en lo que se supone es un principio legal que aquí, nuevamente, se ha pasado a llevar, como es el de la presunción de inocencia, hasta que no se demuestre lo contrario. Por mi parte, sólo quisiera llamar la atención sobre el caso que la derecha, sutil y no tan sutilmente, ha tratado de levantar en contra de la asignación de recursos por parte del Fondart. La idea era escandalizarse porque el FONDART poco más o menos estaría financiado a organizaciones terroristas. Sin detallar, claro, qué es una organización terrorista, ni quien tiene las prerrogativas para establecer dicha distinción. Pero, además, tratando de criminalizar la acción de un organismo del Estado que, bien o mal (eso ya es otro tema), intenta velar por la pluralidad cultural del país y por ayudar financieramente proyectos artísticos que así lo requieran. Si de la derecha dependiera, habría que adjuntar al formulario de postulación un papel de antecedentes. Suponiendo, obviamente, que un presidiario o alguien condenado por la justicia perdiera automáticamente el derecho de ejercer todos y cada uno de sus derechos ciudadanos. Aquí las preguntas que se hace Hernández Montecinos son acuciantes: ¿por qué la única fuente de información es el Ministerio del Interior? ¿por qué casi ningún actor cultural ha sacado la voz para defender si no la gestión del Fondart, por lo menos los derechos procesales de Varela? ¿cuánto pesan las forestales en CHile? ¿quiénes son los dueños de las forestales?

Vuestro,

CGO

Wednesday, April 30, 2008

Notas de un viaje a Missouri, 2




The University of Missouri at Columbia tiene un campus lindo y acogedor, más o menos como todos los campus norteamericanos que me ha tocado visitar. Los edificios de la universidad están todos relativamente cerca entre sí, y la ciudad gira, en mayor o menor medida, en torno a la universidad y sus estudiantes. Bares, restaurantes, cines, discotheques, gimnasios, pizzerías, etc. Los edificios de las facultades se dividen entre aquellos que responden a una estética de la guerra fría, formas cuadradas, líneas que se reproducen hacia el horizonte y un frontis tapizado con las ventanas de las oficinas, por una parte, y los otros más antiguos o construidos como si fueran más antiguos, con piedra o imitación piedra para darle ese aire de tradición que los gringos han buscado tan desesperadamente desde que se constituyeran como nación.

Este campus sería el lugar ideal para otra matanza universitaria más. Me imagino la sangre desparramada por el pasto. Las bellas y demasiado jóvenes universitarias llorando desesperadamente, escondiéndose en las oficinas en las que de otra manera jamás se hubieran imaginado entrar. Hoy hay una especie de recepción para estudiantes de secundaria aquí en la universidad. Muchos chiquillos con sus padres. Me proyecto la escena. El freakeado de turno se encerraría o en la capilla, o en el Starbucks adyacente al Students Success Center (en serio, hay un lugar que se llama así). Ahí esperaría hasta que llegara la policía, subiría a Youtube las imágenes de los cuerpos reventados por las balas de su calibre 44 (tomadas con su cellphone) y luego, en el último instante, se descerrajaría un disparo en la sien para firmar su salto a la fama.

Corre mucho viento hoy, pero a nadie parece importarle, todo el mundo anda de lo más desabrigado.

Una postdata: la primera foto muestra a una estudiante de Penn State University, en una fiesta de Halloween. ¿Qué está haciendo la bella muchacha?: haciéndose pasar por una de las víctimas de la matanza de Virginia Tech University, donde Seung Hui Cho mató a más de treinta personas. En su polera tiene incluso una perforación que simula ser un impacto de bala. Nice.



Wednesday, April 23, 2008

Martí, notas de un viaje a Missouri


Todavía en Iowa, paso por una congregación que se llama: Calvary First.

Un país cuyo único paisaje son las carreteras.

En todas las casas que se ven desde la 61 South (voy rumbo a la casa de Fco. Leal), hay un grill para el barbecue, listo para aprovechar el verano. Y en todas las casas pareciera haber exactamente el mismo grill.

Comparto el comentario de muchos: cuando uno pasa por o vive en este país, se tiene la impresión de estar dentro de una película, de que lo que estamos viendo en vivo y en directo, lo hemos visto antes en una pantalla, en la tele o el cine. Ahora yo estoy en una de esas películas de un pueblo chico y asfixiante, donde la movida del fin de semana es ir a ver el partido football americano que el equipo de la secundaria de esta ciudad de 30.000 habitantes, disputará con el equipo de la secundaria del próximo pueblo, de 45.000 habitantes. No sé como se llama específicamente este lugar; es más, ni siquiera sé si ya salimos de Iowa o entramos en Missouri.

Relacionado con lo anterior: los permanentes dèja vu que se experimentan estando aquí, tienen que ver de nuevo con la sensación de confirmar algo que sólo se suponía parte del imaginario hollywoodense, en especial de las películas más malas que se producen en la costa oeste. Reacciones tipo “¿qué hace la gente en este pueblo de mierda?”, o “¿de verdad son tan racistas estos gringos culiaos?”, la última de las cuales tiene infinitas variantes con sólo cambiar el primero de los adjetivos: ¿de verdad son tan imbéciles? ¿de verdad son tan ignorantes?, etc. Estas SÍ que son las entrañas del monstruo.